1 – Orígenes y fuentes filosóficas
Desde la antigüedad, diversas corrientes filosóficas han favorecido en ciertas ocasiones la existencia de escuelas, grupos y afiliaciones basados en ritos y en la transmisión gradual del conocimiento. Muchas de estas escuelas han promovido la igualdad entre sus miembros y han creado espacios de libre reflexión con respecto al mundo circundante.
A lo largo del período medieval, ciertas tendencias del cristianismo, tanto en el mundo monástico como a través del resurgimiento cíclico de fuerzas "herejes", dan cuenta de la permanencia de temas y de búsquedas. Son sus rasgos más frecuentes: el deseo evangélico de justicia social y de igualdad, la afirmación de la primacía del amor y el rechazo de la violencia, la perpetuación de ciertas reglas de grupos y una búsqueda del Conocimiento - incluyendo una parte de racionalidad y las reivindicaciones de libre albedrío.
La Francmasonería, de manera más o menos conciente, va a asumir esta herencia y a amalgamarla con el humanismo dinámico del Renacimiento y con las importantes evoluciones filosóficas de los siglos XVII y XVIII. En estas transmisiones capilares y esta elaboración, también incorporará al pasar elementos extraídos del imaginario caballeresco, tal como perduran en Francia al final del Antiguo Régimen.
Sin embargo, son las empresas de constructores de la Edad Media las que han servido como marco y modelo a la Francmasonería. Estas estructuras medievales perpetúan así una cultura milenaria de la piedra que se manifiesta en la manera de organizar y de transmitir el Oficio, en la importancia asignada a la solidaridad interna, en los signos y ceremonias específicas de admisión y de reconocimiento.
La Francmasonería Especulativa nació de este contacto con un proyecto propio. Conserva y adapta una parte de las costumbres corporativas, como los elementos de vestimenta, las representaciones emblemáticas, los términos de vocabulario y ciertas bases rituales. Es más precisamente en el siglo XVII y en las Islas Británicas que se crearon células de un nuevo tipo. La antigua teoría de "la aceptación", que atribuía esta mutación a un aumento progresivo de la cantidad de miembros no-manuales (los "aceptados") en el seno de las logias, fue corregida para dar lugar a una explicación localizada, fechada y comprendida en un contexto preciso: el de Escocia e Inglaterra en el siglo XVII. En este contexto, esas logias se afirmaron, aprovechando las condiciones de seguridad y los preceptos pacificadores y ecuménicos que hallaron.
Una de estas evoluciones, a saber, la fórmula inglesa que se impuso a comienzos del siglo XVIII, se separa completamente de los orígenes operativos, cuya referencia -especie de simulacro- ya no sirve más que para dar legitimidad por antigüedad. Esta fórmula se impone con la reunión de cuatro logias londinenses en 1717, que crean la primera obediencia, y la publicación de las Constituciones de Anderson en 1723, actos fundadores de la Francmasonería.
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