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Confrontado desde principios del siglo con la implantación del Rito Escocés Antiguo Aceptado y con la persistencia en su seno, especialmente en los altos grados escoceses, de una corriente preocupada por conservar su autonomía, el Grand Orient de France no logrará unir totalmente el cuerpo masónico francés sino hasta 1821. Poco después, la organización separada de un Supremo Consejo, que agrupa a una parte de este rito (aunque siempre quedarán logias "escocesas" en la Obediencia) pone fin a la unidad orgánica de la Orden.
La Francmasonería francesa comienza así a politizarse y a encarnar las aspiraciones republicanas en los años que preceden a la Segunda República. Participa con entusiasmo de los acontecimientos de 1848. La mayoría de los miembros del Gobierno Provisorio eran masones o bien se convertirían en masones, y su influencia se refleja en muchas de las ideas y las medidas tomadas, comenzando por la abolición de la esclavitud, por Víctor Schoelcher, o la instauración del sufragio universal. El mismo Lamartine en esta ocasión le rinde homenaje y apoya la creencia de que el lema republicano Libertad-igualdad-fraternidad es de origen masónico. También en esta época aparece Mariana, símbolo masónico y republicano al mismo tiempo.
A partir de la elección del príncipe Luis-Napoleón Bonaparte en 1849 (que se convertiría en Napoleón III tras el golpe de estado del 2 de diciembre de 1851), la Francmasonería se encuentra nuevamente amenazada y vigilada, bajo la tutela del Príncipe Lucien Murat, impuesto como Gran Maestro durante una parte del Segundo Imperio. La asociación logra liberarse de esa tutela y, con la entrada en las logias de una nueva generación de jóvenes republicanos, se opone al régimen cada vez con más osadía. Con el objeto de radicalizarse tras la caída de Napoleón III en 1870, la Francmasonería se lanza con vigor a la edificación de la tercera República. Mientras tanto, numerosos Hermanos parisinos, como Félix Pyat, Jules Vallès y Jean Baptiste Clément (autor de "Le Temps des Cerises"), por nombrar los más conocidos, habrían sido miembros de la Comuna de París de 1871, con una actitud mucho más prudente de las Logias de las Provincias y del mismo GODF.
Estos eventos contribuyeron a acentuar la hostilidad entre la Francmasonería y la iglesia. Además es en esta época que el Grand Orient de France, por una decisión del Convento de 1877 y a partir de una propuesta del pastor Desmons, en virtud del principio de libertad absoluta de la conciencia, elimina la obligación de invocar al Gran Arquitecto del Universo en sus LL\. Este principio, presente desde el siglo XVIII en las iniciaciones y las instrucciones del Rito Francés, sin embargo sólo aparece claramente en la apertura y el cierre de los trabajos, así como en la declaración de principios, con los rituales y las Constituciones adoptadas en 1849.
A partir de 1893 las mujeres son aceptadas, y se crea la primera obediencia mixta internacional, que tomará el nombre de Derecho Humano. Más tarde, en 1895, aparece la Grande Loge de France, que prolonga la existencia del Supremo Consejo y se aferra a la única práctica del Rito Escocés Antiguo Aceptado. La nueva obediencia otorga así la libertad a las Logias (que por lo general están más a la izquierda que el GODF) de invocar o no al Gran Arquitecto. Ésta es reconocida desde 1921 por el Grand Orient de France como la única Obediencia masculina en reconocer la calidad de la iniciación de las hermanas y a acogerlas en la logia.
Los masones de finales del siglo XIX están influenciados por el positivismo de Auguste Compte y sobre todo del Hno. Littré, por todas las teorías científicas y las ideas de progreso de su época. Es un hecho simbólico que Eugène Pottier, que escribió L'Internationale, haya sido francmasón. Entre los francmasones encontramos republicanos modernos, la mayoría radicales, numerosos socialistas, libertarios (Proudhon y Bakounine ya lo habían sido antes) y sindicalistas.
En vista de la hostilidad de una iglesia mayoritariamente reaccionaria, los FF\ de la Tercera República, ya sea ateos o creyentes, se tornan terriblemente anticlericales. Convencidos de que la educación de los hombres, además de ser necesaria para arraigar la República, es la llave de la felicidad, y deseosos de liberar el espacio público de la empresa clerical, hombres como Jean Macé, Gambetta, Jules Ferry, Littré o Camille Pelletan actuaron en pos de la Instrucción Pública y del Laicismo. La separación de la iglesia y el estado en 1901, liderada por Emile Combes, da el último toque a esta obra. Hasta 1914, la extensión de las libertades públicas (leyes sobre la prensa, la ley de asociaciones de 1901, la organización comunal, la legalización del divorcio), las principales medidas de justicia (impuesto sobre las ganancias, asistencia jurídica) o de protección social (emergencias mutuales, jubilación, derecho del trabajo), la creación de numerosas asociaciones (Liga de la Enseñanza, Liga de los derechos del hombre. Libertad del Opinión, asociaciones de inquilinos, cooperativas), sindicatos o partidos deben mucho a la influencia de estos hombres o a su acción como ciudadanos que trabajaban para la Comuna. La idea de las vacaciones pagas, por ejemplo, ya había sido debatida por la Asamblea en el siglo XIX…
La Francmasonería francesa, siempre comprometida en forma activa en la lucha republicana, sufrió una cierta usura y pasó por muchas pruebas después de la primera Guerra Mundial. Se torna así menos innovadora, a veces penalizada por una cierta "notabilización". El nacimiento de los partidos políticos (el Partido Radical en 1901, SFIO en 1905), la puesta en práctica del paisaje sindical y asociativo del siglo XX, que ha permitido separar y clarificar los roles que la institución asumía parcialmente hasta ese momento, a su vez la ha confinado a misiones más delimitadas. Además, la francmasonería liberal, heredera de las evoluciones filosóficas de los siglos XVIII y XIX, sufre la reducción de su espacio y su expansión, tanto a causa de los regímenes totalitarios (Italia, España, países de Europa central y oriental), como por la influencia interior del comunismo sobre las elites obreras e intelectuales. En Francia, la Ocupación reduce la cantidad de miembros de la Orden de 29.000 a 6.000. Por su parte, la masonería anglosajona, vector de un Imperio (británico) que no olvida su rivalidad con Francia, aprovecha este debilitamiento, incluso disponiendo, a partir de 1911, de un pequeño representante nacional, la futura GLNF, que surge en ese momento.
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